Después de días de lluvia y viento, fuera y dentro, con la añorada aparición del sol voy logrando que las piezas del puzle vayan volviendo a encajar. Hoy, mientras estaba asomada a la terraza, descubrí una jacarandá de la que nadie se ocupa, está la pobre casi seca y vaya a usted a saber de dónde saca la fuerza para acudir a la llamada de la primavera para que unas florecillas malvas cubran sus delgadas ramas; ahí andaba yo inventando una historia para ese arbolillo cuando el teléfono vino a despertarme del trance.
-Vaya, vaya, te desperté -me dice la voz de mi amigo.
-¿Cómo que me has despertado? Ya he desayunado dos veces, regado los tiestos, he hecho la cama, fregado los platos, puse una lavadora, la tendí…
-¡Criatura! Y todo eso en menos de horas porque no me irás a decir que llevas desde las 6 despiertita.
-No hijo, ni se me ocurre a mí levantarme a esas horas si evitarlo puedo.
- Pues ahora que te oigo te voy a contar lo que me pasó el otro día, para que te rías un poco, ¡chis, chitón, ni una palabra que te lo voy a contar! Me encuentro con el padre de X, ya sabes que hace poco se separó -¡caaalla, que te oigo! Y no lo digo por chismorrear, el caso es que el pobrino ¡llevaba una mala cara!; cómo le aprecio, me atreví a preguntarle si le pasaba algo y va y me dice.
-¿Algo? ¿Algo? Ay, hijo, todo, me pasa todo y lo malo es que no sé cómo salir del lío
-¿Tan grave es? -le pregunté-
-Hombre, grave grave, no, pero es que no sé qué hacer, o mejor, cómo hacer y yo, a una mujer, ni de coña le pregunto. Verás, hace poco me instalé en mi nueva casa. El primer mes no hubo problemas porque todo estaba limpio pero, claro, según pasaban los días, me iba dando cuenta que tendría que empezar a hacer algo si no me quería ver entoñado y sin pantalones que ponerme. Hoy me dispuse a ser todo un amo de mi hogar; cogí el plumero y quité el polvo, luego barrí y todo se me volvió a llenar de polvo así que, de nuevo, pasé el plumero, después pasé la fregona; cuando casi había acabado, vi unas telarañas, corrí a por el plumero y pisé todo lo que había fregado, quité las telarañas y aproveché para limpiar los muebles por arriba, todo lo de abajo se lleno, otra vez, de polvo, lo quité, volví a por la fregona , cuando intenté pasarla me di cuenta que era imposible y que debía barrer ¡otra vez! antes de seguir, fui a por el cepillo, barrí suavecito para que el polvo no volviese (por qué puse los muebles negros ¿por qué?), y a por la fregona por tercera vez; te aseguro que, mientras le daba al mocho, me sentí como un perfecto idiota, me acordé de todas las mujeres que habían pasado por mi vida y que no me habían exigido ser una persona capaz, me acordé de la cantidad de veces que yo me había hecho el tonto, el pasota y claro, en eso es en lo que me había convertido, en un tonto incapaz que ya no podía ser pasota; ahí es cuando me dio el arrebato de impotencia, cogí la chaqueta y me fui a la calle porque me desespera pensar que ha pasado una mañana enterita y no he hecho más que hacer lo que ya hice y mal y que aún me queda la plancha y poner en orden la cocina y el despacho y ¡no sé, no puedo! Necesito ayuda.
- Qué, qué te parece, el amigo.
- ¿Qué me parece? de verdad crees que eso puede darme risa? a mi lo que me da es…
- Ah, no, no, no, la chapa se la das a otro, hermosa, que es que no hay quién te haga reír a ti ¡por disosanto qué tía más sin sal! mañana te llamo, guapa.