Hoy me levanté llena de frases, algunas eran mías y, las otras, las oí en los primeros veinte minutos de bienvenida al mundo, porque eso es lo que ocurre cada día cuando me despierto, luego, las horas, ya se van encargando de definir si el día que tacharé de mi calendario lleva crucecita verde, roja o negra.
La primera frase pertenece al estribillo de una canción que no sé si me gusta o no, lo que sí sé es que, siempre que la escucho, me deja pensando y, sobre todo, cruzando los dedos para que sea así, dice: “… Cada uno da lo que recibe, luego recibe lo que da, nada se pierde, todo se transforma…”
La segunda me ofreció la explicación a un tema bien vergonzoso que atañe a esos que se hacen llamar políticos pero que, a mí, más me parecen mofetas (por el mal olor que desprenden) y digo sólo mofetas porque hoy he decidido no insultar. Y, si, claro, hablamos de Camps (llamarle señor, por el momento, voy a olvidarlo) y dice así:
“La cosa es simple, Camps tiene un saque de cuidado, así que los amigos, en vez de invitarle a comer o cenar, prefieren regalarle un traje. Les sale más barato.”
Y, oyes, lo mismo tiene razón y resulta que, la pobre criatura, no sabe cómo explicarnos a nosotros, estúpidos buitres, lo inocente que es él y sus acciones…
La tercera pertenece a una noticia que me ha dejado estupefacta:
“Identificada la sustancia cerebral que determina la creación de recuerdos falsos”.
¡Lo que me faltaba! Sólo hago que repetirme esto, una que camina con su “contenido” cerebral mucho más que reducido y ahora resulta que, lo mismo, ando ocupando el exiguo espacio con recuerdos que ¡encima! puede que sean falsos y Digo yo ¿cómo, cómo saber los que si-sí y los que no-no?.
Ya no sé, puede que el calor me tenga confundida y, por eso, voy a ver si me amarro al aire acondicionado, al gazpacho y a la primera frase porque, si sigo así, ya ni sé con qué color tendré que marcar el día.
Escrito por tersat